La Mojana: vivir con el agua adentro
Una región donde la inundación no es desastre sino calendario, y donde hace dos mil años alguien ya había resuelto el problema. Crónica de un país anfibio.
Un lugar que no es tierra ni es río
La Mojana es la zona baja donde se encuentran el Cauca, el San Jorge y el Magdalena antes de seguir hacia el Caribe. Ocupa territorio de Sucre, Bolívar, Córdoba y Antioquia, y es, en términos hidráulicos, una esponja: el sitio donde los tres ríos se desbordan, dejan sedimento y bajan su velocidad antes de continuar.
Vista desde una lancha en temporada alta, no se entiende dónde termina el río y dónde empieza el potrero. Hay árboles con el tronco sumergido, cercas que salen del agua, casas con el piso a la altura del agua y caminos que solo existen entre diciembre y marzo.
Aquí la inundación no interrumpe la vida. La inundación es una de las dos maneras que tiene el año de ocurrir.
El calendario
La gente de la región organiza el año en dos temporadas. En aguas bajas se siembra en los playones que quedan descubiertos, se saca el ganado a pastar y se arreglan las casas. En aguas altas se pesca, se sube todo lo que se pueda subir y el transporte pasa de la moto a la canoa.
Esa alternancia produce una cultura material específica: casas elevadas sobre pilotes o sobre terraplenes, corrales portátiles, cocinas altas, hamacas, canoas de distintos tamaños según el uso. Nada de eso es folclor; es adaptación técnica a una condición conocida.
Lo que hicieron los zenúes
La parte más impresionante de esta historia tiene dos mil años. En las llanuras del bajo San Jorge, las sociedades zenúes construyeron un sistema hidráulico de enormes proporciones: miles de canales artificiales excavados en el terreno, dispuestos en patrones perpendiculares y acompañados de camellones, es decir, plataformas de tierra elevadas entre canal y canal.
El principio era simple y brillante. Los canales conducían y repartían el agua de la creciente, reduciendo su fuerza; los camellones quedaban por encima del nivel inundado y servían para cultivar y para vivir; y el sedimento que el agua dejaba en los canales se sacaba y se echaba sobre los camellones, fertilizándolos.
En lugar de pelear contra la inundación, la usaban. El sistema cubrió una extensión que se cuenta en cientos de miles de hectáreas y sus huellas todavía se ven desde el aire.
Lo que se hizo después
La ocupación posterior invirtió la lógica. Se drenó, se terraplenó, se levantaron diques para sacar el agua de donde el agua siempre había estado, y se ganaron áreas para ganadería extensiva. Muchos caños naturales fueron taponados.
El resultado era previsible: cuando el agua llega y no encuentra por dónde repartirse, se concentra. Los eventos de inundación en La Mojana han sido cada vez más destructivos, no solo por la variabilidad climática, que existe, sino porque el sistema natural de amortiguación fue desconectado pedazo por pedazo.
El agua no aumentó tanto como disminuyó el espacio que le dejamos.
Caregato
La región tiene un punto que resume todo: el sector conocido como Cara de Gato, sobre el río Cauca, donde una rotura del margen dejó entrando agua durante años. Taparlo ha sido una obra intentada varias veces, con costos altos, y su falla mantuvo inundados a municipios enteros durante temporadas seguidas.
Hablar de La Mojana en los últimos años es hablar de eso: familias que llevan años con el agua adentro de la casa, cultivos perdidos de manera repetida, escuelas que abren y cierran, y un debate técnico entre quienes proponen más obras de contención y quienes proponen devolverle espacio al río.
En el pueblo
Estuvimos en un caserío al que se llega por caño. Las casas están sobre relleno, hay una escuela con el patio embarrado y una tienda que vende gasolina en botella para los motores fuera de borda.
Un pescador nos explicó, con detalle de quien lo hace todos los días, cuáles ciénagas se comunican con cuáles y en qué momento del año. Es un conocimiento cartográfico que no está en ningún mapa oficial y que se transmite oralmente.
El pescado
Un dato que resume la salud del sistema es la pesca. Las ciénagas de la región fueron durante generaciones una despensa constante, con especies migratorias que suben y bajan por los ríos siguiendo el ciclo de aguas.
Los pescadores describen jornadas cada vez más largas para capturas cada vez menores. Las causas se acumulan: sedimentación, contaminación que baja desde las cuencas altas, desconexión de ciénagas y presión sobre tallas pequeñas.
Lo que se aprende
Los proyectos que han funcionado mejor en la región no son los que traen una solución de afuera, sino los que se parecen a lo que ya existía: recuperar caños, permitir que las ciénagas se llenen, elevar vivienda en vez de secar el terreno, sembrar en camellones.
Es decir, algo cercano a lo que hicieron los zenúes hace dos milenios. La región tiene el manual escrito en su propio suelo, en forma de canales que todavía se distinguen cuando el agua baja y el sol da de lado.
El agua no aumentó tanto como disminuyó el espacio que le dejamos.
Temas
Basado en estudios arqueológicos sobre el sistema hidráulico zenú del bajo San Jorge, informes públicos sobre las inundaciones de La Mojana y recorrido por caseríos de la región.
Apéndice
- Confluencia del Cauca, el San Jorge y el Magdalena, entre Sucre, Bolivar, Cordoba y Antioquia
- Amortiguacion natural de las crecientes de los tres rios
- Canales y camellones zenues del bajo San Jorge, de unos dos mil años
- Desecacion, diques y taponamiento de caños naturales
- La rotura de Cara de Gato sobre el rio Cauca
Quien escribe
Escribe sobre ríos, páramos y las decisiones que los sostienen o los borran.
