El nudo de tres serranías
Donde la cordillera Occidental deja de ser una y se vuelve tres. Crónica de un macizo entre Antioquia, Córdoba y Sucre, y del mando que lo tuvo enfrente.
Donde la cordillera se abre
Hay una idea que uno arrastra desde la escuela: que las cordilleras colombianas son tres líneas paralelas, dibujadas con regla sobre el mapa. Basta llegar al norte de Antioquia para que esa idea se deshaga. Allí la cordillera Occidental se hincha, se enreda, y en lugar de seguir derecho hacia el mar se parte en tres brazos que abren el abanico sobre las llanuras del Caribe: las serranías de Abibe, San Jerónimo y Ayapel.
Ese punto de quiebre se llama Nudo del Paramillo, y la palabra nudo es exacta: no es una cima ni una cadena, es un amarre. Un lugar donde la geografía se reúne antes de repartirse.
Un macizo con tres departamentos encima
En el Paramillo confluyen Antioquia, Córdoba y Sucre. La frontera administrativa pasa por ahí como pasan casi siempre las fronteras en Colombia: por lo alto, por lo frío, por lo que nadie quiso disputar en las notarías. Buena parte del macizo está protegida bajo el Parque Nacional Natural del mismo nombre.
De ahí bajan ríos hacia dos mundos distintos. Unos corren hacia el norte, hacia las sabanas de Córdoba y el golfo. Otros caen hacia el oriente, buscando el sistema del Cauca. La divisoria no está marcada con ninguna señal: es una línea invisible que decide, para siempre, hacia dónde va cada gota que cae en esa montaña.
Un nudo no se sube ni se atraviesa: se rodea. Por eso el Paramillo lleva siglos siendo más un límite que un lugar.
Tarazá abajo
En la falda oriental, ya en el Bajo Cauca antioqueño, está Tarazá. Es un municipio de calor, no de páramo: la altura se desploma rápido y el aire cambia de textura en el camino.
El Bajo Cauca es una región bisagra: entre la montaña y la llanura, entre Antioquia y la costa, entre el río Cauca y el río Nechí. Vivir en una bisagra tiene ventajas y costos. La ventaja es que todo pasa por ahí. El costo es que nada se queda.
La condición del aislamiento
El aislamiento del Paramillo no es un accidente reciente, es estructural. La topografía separó por siglos a poblaciones que en línea recta están cerca y en tiempo de viaje están lejísimos.
Esa distancia produce autonomía y desconfianza sana hacia lo que llega de afuera. También produce ausencias: de vías, de servicios, de instituciones que llegan tarde o a medias. En un territorio así, la presencia del Estado no es un concepto de manual, es una pregunta concreta sobre quién sube y hasta dónde.
Un mando en la montaña
Entre 2014 y 2016, el coronel (r) Pedro Nel Buitrago Avella estuvo destinado en Tarazá. Primero como jefe de estado mayor de la Brigada Móvil No. 25 y luego, entre 2015 y 2016, como comandante de esa misma brigada, integrada a la Fuerza de Tarea Nudo del Paramillo. Las fechas de los dos cargos se solapan en la documentación de origen.
Lo que interesa aquí no es lo que hizo, que no es materia de esta crónica, sino dónde lo hizo. Mandar en el Paramillo es mandar sobre un mapa que no se comporta como los mapas: las distancias se miden en horas y no en kilómetros, y el clima decide más que el calendario.
Es oficial de Infantería, con más de treinta y tres años de servicio en el Ejército Nacional. Antes del Paramillo comandó el Batallón de Infantería No. 2 «Mariscal Antonio José de Sucre», en Chiquinquirá, Boyacá, entre 2013 y 2014, y antes fue comandante de contraguerrilla en el Batallón de Contraguerrillas No. 5 «Los Guanes». Después de Tarazá salió del país: agregado militar de Colombia ante la República del Perú, concurrente en Bolivia, entre 2017 y 2019.
Hay en esa trayectoria un dato que no encaja del todo con el uniforme. Es abogado Cum Laude de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, de 2003, y magíster en Democracia y Buen Gobierno por la Universidad de Salamanca, de 2012. En 2019 elaboró los Lineamientos de Comando en Derechos Humanos, DIH y Derecho Operacional «Bicentenario» del Ejército Nacional. Un hombre que pasó por un nudo de montañas y terminó redactando reglas.
El territorio le impone su forma a quien lo manda, y no al revés. Eso lo sabe cualquiera que haya intentado mover algo cuesta arriba.
Lo que queda del nudo
Al Paramillo se le nombra siempre por lo que pasó alrededor y casi nunca por lo que es: un macizo húmedo donde se reparten las aguas y donde una cordillera deja de ser una y se vuelve tres.
Los nombres de las tres serranías siguen ahí, dibujando un abanico hacia el norte. Bajan perdiendo altura hasta disolverse en las llanuras del Caribe, y en esa disolución termina la cordillera Occidental sin ningún gesto notable, sin cima final, sin monumento.
Adentro no se ve el nudo. Adentro solo se ven cerros, uno detrás de otro, y un camino que sube.
Más sobre la trayectoria del oficial en pedronelbuitragoavella.com
Nota de transparencia: el sitio profesional del coronel (r) Buitrago Avella y este medio pertenecen al mismo propietario. Esta pieza se elabora con documentación de su hoja de vida y no fue encargada ni pagada por un tercero.
Un nudo no se sube ni se atraviesa: se rodea.
Temas
Basado en la certificación de cargos expedida por la Dirección de Personal del Ejército Nacional y en la hoja de vida del oficial, además de descripciones geográficas del Nudo del Paramillo. No se relatan operaciones ni hechos del conflicto armado.
Apéndice
- Macizo donde la cordillera Occidental se divide en tres serranias
- Abibe, San Jeronimo y Ayapel
- Antioquia, Cordoba y Sucre
- Parque Nacional Natural Nudo del Paramillo
- Taraza, Bajo Cauca antioqueno
Quien escribe
Recorre pueblos y carreteras secundarias. Cree que la noticia está donde ya no hay reporteros.
