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2013 · Nemocon, Cundinamarca

Nemocón, la sal que se mira en el agua

Bajo el pueblo hay socavones donde el agua saturada de sal se queda quieta y devuelve el techo entero. Crónica de una mina que dejó de producir.

Crónica · Amalia Pinzón · 26 de septiembre de 2024 · 8 min de lectura

Ochenta metros hacia abajo

La entrada a la mina de sal de Nemocón no impresiona. Es una boca de socavón al lado de una vía, con un portón, unos cascos colgados y una fila de gente esperando el turno. La impresión llega después, cuando la galería empieza a bajar y el aire cambia de temperatura.

Se desciende por rampas y escalones tallados en la roca. El recorrido habilitado llega a unas decenas de metros bajo la superficie, y todo el trayecto está sostenido por lo que aquí llaman el sistema de cámaras y pilares: se extrae el mineral dejando columnas de la misma roca para que el techo no ceda. Esas columnas son parte de la mina que nunca se explotó, sacrificada para que el resto exista.

Una mina bien hecha es la que deja atrás lo suficiente para no derrumbarse. También es una buena definición de otras cosas.

Antes que la mina

La sal de esta zona de la sabana se explotaba mucho antes de que hubiera socavones. Los muiscas evaporaban salmuera en vasijas de cerámica y producían panes de sal que circulaban por rutas de intercambio hasta lugares muy alejados. La sal era un bien de valor, transportable y no perecedero, y las comunidades del altiplano tuvieron una posición privilegiada por tenerla.

Nemocón y Zipaquirá fueron dos de los puntos de esa geografía. La explotación colonial y republicana continuó sobre la misma base: primero por evaporación, después mediante socavones que persiguen la veta hacia adentro del cerro.

El agua que no se va

Lo que hace singular a Nemocón, y lo que convierte la visita en algo más que un recorrido industrial, son las piscinas. En varios puntos de la galería el agua de infiltración se acumula en el piso y se satura de sal hasta quedar completamente inmóvil.

Sin viento, sin corriente, sin peces, esa lámina se comporta como un espejo perfecto. El techo con sus lámparas se refleja sin la menor distorsión y el ojo pierde la referencia: uno no sabe si está mirando hacia arriba o hacia abajo. Es un efecto óptico simple y absolutamente desconcertante.

Los guías lo aprovechan con una crueldad amable: apagan las luces un momento, las vuelven a encender y esperan la reacción.

Las formas del mineral

En las paredes hay concreciones, estalactitas cortas y filamentos de sal recristalizada que crecen donde gotea. Se les llama de varias maneras y todas son inexactas; lo que ocurre es que el agua disuelve el mineral en un punto y lo deposita en otro, y esa mudanza lenta va construyendo formas.

También hay tramos donde la roca se ve estratificada, con capas claras y oscuras que corresponden a periodos distintos de sedimentación. Leerlas es leer un ambiente marino antiguo, porque la sal de la sabana de Bogotá viene de agua que estuvo aquí hace millones de años.

El cierre y el segundo oficio

La explotación comercial fue perdiendo peso hasta detenerse, y la mina quedó con un problema clásico: una infraestructura enorme, mantenida, segura, y sin producto que sacar. La salida fue convertirla en atractivo turístico, con recorridos guiados, iluminación instalada y un circuito acondicionado.

A eso se sumó un uso inesperado. La mina sirvió como escenario de rodaje para una película internacional sobre el rescate de los mineros atrapados en el norte de Chile, y varias de las secuencias subterráneas se filmaron en estas galerías. Parte de la utilería quedó en sitio y hoy forma parte del recorrido.

Una mina agotada no es una ruina. Es un espacio grande, seco y estable, y eso siempre sirve para algo.

Los que trabajan abajo

Los guías son en buena parte gente del municipio, algunos con parientes que trabajaron en la extracción. Explican el sistema de sostenimiento, los nombres de las galerías, la manera en que se avanzaba y por qué se decidió no seguir.

Hay en su relato una precisión de oficio que no se aprende en un curso corto. Saben dónde gotea, saben qué pilar es de qué época, saben cuánto tarda en formarse una costra de sal en una pared húmeda.

La temperatura

Abajo hace frío, y no el frío de la sabana sino uno más estable, sin corrientes de aire. La sal absorbe la humedad del ambiente y deja una sensación seca que uno nota en la garganta a los pocos minutos.

Esa condición explica que las minas de sal se hayan usado históricamente para otras cosas además de extraer mineral: almacenamiento, refugio, incluso terapias respiratorias. Un espacio con temperatura constante durante todo el año es un recurso poco común.

Salir

La subida se siente más larga que la bajada, como siempre ocurre. Afuera, el pueblo tiene una plaza tranquila, iglesia, unos restaurantes y el ritmo de un municipio de la sabana a poco más de una hora de Bogotá.

Nadie diría, viendo la calle, que debajo hay un sistema de galerías donde el agua está quieta desde hace décadas devolviendo la imagen de un techo que casi nadie mira. Es una de esas cosas que un territorio guarda sin anunciarlas: la parte del pueblo que está hacia abajo.

Una mina bien hecha es la que deja atrás lo suficiente para no derrumbarse.

Temas

  • nemocon
  • sal
  • mineria
  • cundinamarca
  • muiscas

Basado en documentación sobre la explotación salina del altiplano cundiboyacense y recorrido guiado por las galerías habilitadas de la mina.

Apéndice

Ubicación
Nemocon, sabana de Bogota, Cundinamarca
Origen del recurso
Depositos de sal de origen marino en el altiplano cundiboyacense
Explotación prehispánica
Los muiscas producian panes de sal por evaporacion de salmuera
Sostenimiento
Sistema de camaras y pilares tallado en la propia roca
Uso actual
Recorrido turistico y escenario de rodaje cinematografico

Quien escribe

Amalia Pinzón

Editora de memoria

Trabaja con archivos, actas y fotografías familiares. Reconstruye lo que la prisa dejó atrás.

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