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2018 · Paramo de Santurban, Santander y Norte de Santander

Santurbán: el agua de dos ciudades

Un páramo que abastece a Bucaramanga y a Cúcuta, y una discusión sobre minería que lleva más de una década sin cerrarse. Notas sobre por qué importa.

Columna · Simón Cárdenas · 21 de noviembre de 2024 · 8 min de lectura

Dónde queda el asunto

El páramo de Santurbán se extiende entre Santander y Norte de Santander, en la cordillera Oriental, por encima de los tres mil metros. Es un ecosistema de frailejones, pajonales, turberas y lagunas, y es el origen de las cuencas que surten de agua a las áreas metropolitanas de Bucaramanga y de Cúcuta, además de decenas de municipios.

Esa es la primera cifra que hay que tener en la cabeza. No estamos hablando de un paisaje bonito en la montaña: estamos hablando del acueducto de una parte considerable del nororiente colombiano.

Un páramo no produce agua. La recibe, la retiene y la entrega despacio. Ese servicio no tiene sustituto artificial a escala regional.

Por qué los páramos funcionan así

Vale la pena explicarlo, porque la discusión pública suele saltarse la parte técnica. Los suelos de páramo son orgánicos, porosos y permanentemente húmedos. Acumulan agua de lluvia y de niebla y la liberan de forma gradual hacia las quebradas, sosteniendo el caudal incluso en temporada seca.

El frailejón, con sus hojas peludas, capta humedad de la niebla y la conduce hacia el suelo. La vegetación en general crece muy lento por la altitud y el frío, y el suelo tarda siglos en formarse. Cuando se compacta, se remueve o se drena, no vuelve a comportarse igual en escalas de tiempo humanas.

Colombia concentra una proporción muy alta de los páramos del planeta. Es, junto con el bosque seco y los manglares, uno de los ecosistemas donde el país tiene una responsabilidad que excede lo nacional.

La discusión

Sobre Santurbán existe desde hace años un interés minero por oro y plata en la zona alta. Alrededor de esos proyectos se formó uno de los movimientos ciudadanos ambientales más persistentes del país, con marchas multitudinarias en Bucaramanga, comités de defensa del agua y una presencia sostenida en tribunales.

Del otro lado hay municipios con tradición minera antigua, donde la actividad de pequeña escala es la principal fuente de empleo, y donde la delimitación del páramo se percibe como una amenaza al sustento. Ignorar ese lado del asunto es la manera más fácil de que la discusión no avance.

Lo que ha dicho el derecho

La jurisprudencia colombiana ha sido bastante clara. La Corte Constitucional declaró la prohibición de actividades mineras en ecosistemas de páramo, y luego, en un fallo específico sobre Santurbán, ordenó rehacer la delimitación del páramo mediante un procedimiento con participación efectiva de las comunidades afectadas.

Ese mandato de participación es el punto que más ha costado cumplir. Delimitar un páramo consiste en trazar una línea en un mapa, y de qué lado de la línea queda cada predio dependen decisiones sobre uso del suelo, actividad económica y compensaciones. Es una decisión técnica con consecuencias sociales inmediatas.

La ley de páramos posterior recogió parte de esa discusión y estableció obligaciones de reconversión productiva para quienes quedaran dentro del área protegida. Cumplirlas requiere presupuesto y presencia estatal sostenida, que es exactamente lo que suele faltar.

Prohibir es rápido. Sustituir el ingreso de las familias que dependían de lo prohibido toma años y cuesta plata.

Lo que se juega

Mi posición es que la protección del páramo no está en discusión seria. Los argumentos hidrológicos son sólidos y la jurisprudencia es firme. Lo que sí sigue abierto, y lo que merece atención, es la calidad del proceso: si la delimitación se hace con participación real, si la reconversión se financia, si los municipios altos reciben algo a cambio de sostener el agua de dos ciudades grandes.

Porque ahí está la asimetría que nadie nombra. Los costos de conservar los paga una población rural pequeña. Los beneficios los recibe una población urbana enorme que abre la llave sin pensar de dónde viene lo que sale.

Un antecedente útil

Colombia ya tiene experiencia en esquemas donde una ciudad paga por conservar la cuenca que la abastece. Existen fondos de agua constituidos con aportes de empresas de acueducto, autoridades ambientales y cooperación, que financian restauración, aislamiento de nacimientos y acuerdos con propietarios rurales.

No son perfectos ni cubren todo lo necesario, pero demuestran que el mecanismo existe y es aplicable. La pregunta para Santurbán no es si se puede hacer, sino por qué se ha hecho tan poco.

Una sugerencia

Si el agua de Bucaramanga y de Cúcuta vale lo que los propios ciudadanos dicen en las marchas, entonces debería ser posible trasladar parte de ese valor, de manera formal y permanente, a las veredas que quedan dentro de la línea.

No como caridad ni como compensación puntual, sino como pago sostenido por un servicio que efectivamente prestan. Es más aburrido que una consigna y probablemente sea la única manera de que la protección se sostenga cuando pase el entusiasmo.

Un páramo no produce agua. La recibe, la retiene y la entrega despacio.

Temas

  • santurban
  • paramos
  • agua
  • mineria
  • santander

Basado en la jurisprudencia constitucional sobre minería en páramos y la delimitación de Santurbán, la ley colombiana de páramos y literatura hidrológica sobre ecosistemas altoandinos.

Apéndice

Ubicación
Cordillera Oriental, entre Santander y Norte de Santander
Función
Regulacion hidrica para las areas metropolitanas de Bucaramanga y Cucuta
Prohibición
La Corte Constitucional veto la mineria en ecosistemas de paramo
Mandato judicial
Orden de rehacer la delimitacion con participacion de las comunidades
Marco legal
Ley de paramos con obligaciones de reconversion productiva

Quien escribe

Simón Cárdenas

Redactor de ambiente

Escribe sobre ríos, páramos y las decisiones que los sostienen o los borran.

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